¿Podemos tomar bebidas alcohólicas mientras estamos consumiendo antibióticos?

El alcohol es una de las sustancias más consumidas en el mundo, por lo cual la pregunta ¿podemos tomar bebidas alcohólicas mientras estamos consumiendo antibióticos? se vuelve muy frecuente, y no solo para los antibióticos, sino para cualquier otro tipo de medicamento, pues se piensa que esta combinación genera pérdida de eficacia o intoxicación…

Todo depende de:

  • Si el consumo de alcohol es agudo (algo ocasional) o crónico (casi diario desde hace meses)
  • De la cantidad de alcohol que se ingiera
  • El tipo de medicamento o antibiótico que se esté tomando
  • Los efectos adversos del medicamento.
  • Las enfermedades adicionales que tenga el paciente.

Quienes consumen alcohol de manera crónica, inicialmente pueden ocasionar que se metabolicen más lento en el hígado ciertos fármacos como: warfarina, acetaminofén, medicamentos orales para la diabetes o la rifampicina. Es decir, necesitarían dosis mayores para conseguir el efecto terapéutico deseado. Excepto cuando ya el daño en el hígado es tan severo (el alcohol lesiona este órgano) que llega a producir cirrosis, que hace que se disminuya la función hepática y por lo tanto el metabolismo de los medicamentos.

Por el contrario, cuando se consume de manera aguda, puede inhibir ciertos procesos de metabolismo en el hígado, aumentando las concentraciones de algunos fármacos como benzodiacepinas, fenobarbital, fenitoína, clorpromacina, clometiazol y ciclosporina. Esto haría que dure más su actividad en el cuerpo y se desarrollen con mayor facilidad los efectos adversos de los mismos.

Otra razón a tener en cuenta, es que algunos antibióticos y fármacos tienen efectos secundarios similares a los del alcohol (como las benzodiacepinas, opioides, antihistamínicos, etc), y su consumo concomitante hace que se presenten más rápido o más intensamente. Algunos de los síntomas en común son: mareos, somnolencia, náuseas o vómito.

Y por último, definitivamente NO se debe mezclar alcohol con algunos antibióticos, pues se inhibe el metabolismo del alcohol, haciendo que su concentración en sangre aumente de manera desproporcionada, provocando una serie de manifestaciones clínicas desagradables en el paciente tales como náuseas, vómitos, sudoración, sofoco, dolor de cabeza,  palpitaciones, caída de la presión arterial y enrojecimiento de la cara, a los pocos minutos de la ingestión alcohólica, este fenómeno se conoce como efecto disulfiram o Antabuse®. Entre estos medicamentos están –obviamente- el disulfiram, algunas cefalosporinas (cefamandol, cefoperazona, cefotetán), la clorpropamida, el ketoconazol y el metronidazol.  Se debe permanecer al menos 72 horas sin tomar estos para poder consumir cualquier bebida alcohólica.

Debe evitarse también la asociación con:

  • Linezolid: puede causar crisis hipertensivas (presiones demasiado elevadas) si se consume junto con bebidas como la cerveza o vino tinto.
  • Isoniacida, rifampicina o pirazinamida: aumenta el riesgo de toxicidad hepática (lesión del hígado).
  • Eritromicina o doxiciclina: el alcohol puede reducir la eficacia del antibiótico.

En general, hágase la siguiente pregunta:

¿Qué tan urgente es que tome alcohol, comparado con el efecto benéfico del tratamiento que estoy tomando?

Usualmente la respuesta es que la bebida del licor, es posible – y quizá mejor- aplazarla.

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