¿Cuándo un dolor de cabeza debería preocuparle?

Todas las personas en algún momento de su vida han sufrido dolores de cabeza (cefaleas), unos leves, otros insoportables. Hay ciertos factores que favorecen al desarrollo de este, como el estrés, el hambre, dormir poco o dormir mal, el consumo de alcohol, la exposición al sol durante largo tiempo, ciertos alimentos y bebidas como el vino tinto, el queso añejo, etc.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la prevalencia mundial de la cefalea (al menos una vez en el último año) en los adultos es de aproximadamente 50%. Entre la mitad y las tres cuartas partes de los adultos de 18 a 65 años han sufrido una cefalea en el último año, y el 30% o más de este grupo ha padecido migraña.

Las cefaleas o dolores de cabeza se dividen en primarias y secundarias. Se llaman cefaleas primarias a aquellas en las que no hay una enfermedad que las cause, sino que el dolor de cabeza en sí es el problema del paciente, por ejemplo, la migraña o la cefalea tensional. Las cefaleas secundarias son dadas por otra enfermedad, es decir son el síntoma de que alguna otra cosa está mal en el cuerpo.

Generalmente, en las primarias el dolor se resuelve con medicamentos como el acetaminofén, naproxeno, pero es importante tener en cuenta ciertas características del dolor que pueden estar indicando que algo mucho más grave ocurre (cefaleas secundarias).

Usted debe alertarse cuando el dolor:

  • Aparece de repente, se intensifica muy rápidamente o es el peor dolor de cabeza de su vida.
  • Se asocia a fiebre, somnolencia y rigidez en el cuello.
  • Presenta convulsiones, cambios en la conducta, confusión, perdida de la consciencia.
  • No es capaz de habla bien o mover una parte del cuerpo o la nota más débil.
  • Le altera la capacidad de ver total o parcialmente.
  • Es intenso en personas mayores de 50 años.
  • Tiene VIH o inmunocompromiso (tiene diagnóstico de leucemia o es trasplantado y recibe medicación).
  • Cambia el patrón de la cefalea (duele diferente a como lo hacía antes).
  • No mejora a pesar de un adecuado tratamiento.
  • Es intenso después de un trauma en la cabeza.

Si tiene alguna de estas consulte al servicio de urgencias más cercano para ser revisado por un médico y definir si requiere estudios adicionales o un tratamiento determinado.

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